Tal como afirman los doctores Richard A. Deyo y Donald L. Patrick en su libro, "Esperanza o Hiper, La Obsesión con los Avances Médicos y el Alto Costo de Falsas Promesas" (Amacom, New York, 2005), la idea central de esta tendencia argumenta que no es suficiente que tal o cual tratamiento debe funcionar; o que tiene sentido, o que así nos lo enseñaron en la escuela de medicina, o que un determinado experto lo respalda; o que funciona bien en los ratones de laboratorio. Nos dice que todo ello es favorable y conveniente, pero que no es suficiente.
El nuevo movimiento se pregunta, más bien, ¿cuál es la evidencia real de que un nuevo tratamiento extiende la vida o mejora la calidad de la misma y cuáles son sus riesgos?
Los médicos que la practican están imbuidos en el concepto de que la mejor evidencia disponible para estar seguros acerca de la efectividad de un determinado tratamiento se puede establecer con múltiples pruebas clínicas de control al azar. Cuando tales pruebas no están disponibles, no nos queda otro camino que tomar decisiones sin ese fundamento, pero tendríamos que estar conscientes de que al estar basadas en información menos rigurosa es susceptible a mayores errores.
En los últimos años se ha convertido en una nueva "moda" de la medicina, no sólo entre los médicos, sino también entre las empresas aseguradoras, los planificadores de salud y aún en el público en general.
Pero como todo en esta vida, también tiene sus detractores y muchos son los médicos que piensan que ellos siempre han ejercido su profesión de acuerdo con las reglas de la medicina basada en la evidencia, por cuanto la medicina por mucho tiempo ha estado basada en la ciencia existente. Pero la "ciencia", como todos sabemos, muchas veces es simple inferencia de conocimientos fisiológicos o de la historia natural de la enfermedad, o bien de estudios en animales de laboratorio, o la opinión de "expertos".
En cualquier forma encontrar la "evidencia" no es tarea fácil, aunque muchas revistas médicas entendiendo las actuales necesidades de los médicos se esfuerzan por presentarla en forma resumida y fácil de asimilar y es necesario, para aprovecharla debidamente, que la mente del médico esté debidamente entrenada a pensar en base a las estadísticas y a la epidemiología.
Un buen recurso disponible es la base de datos llamada la "Colaboración Cochrane", en honor de los esfuerzos realizados por el médico e investigador británico Archie Cochrane (fallecido en 1988), un importante programa para revisar la literatura médica, para evaluar la calidad de los estudios publicados, resumir los resultados y agrupar la información de las mejores pruebas al azar.

